20 de abril de 2006

De carne somos

(Foto: Aníbal Greco)

Si nadie más que los diseñadores gráficos pudiéramos resolver todas las instancias comunicacionales entre las personas, sin duda nos llamarían plomeros, gasistas, verduleros, sastres, relojeros y zapateros para que les resolvamos piezas que les sirvan de simple difusión o que capten en el barrio más clientela para ellos.

También nos llamarían carniceros.

Vuelvo al "aquí y ahora"... ¿Puede haber mejor resolución gráfica que la elegida por este señor, Garufa, para cubrir completamente una pared de su local? Esto teniendo en cuenta la crisis de la carne, que ha hecho subir los precios explosivamente en un país carnívoro por naturaleza como la Argentina. En suma, una situación crítica. Todo esto bien vale una pared.

Un acuerdo del gobierno y los productores hizo que algunos cortes (quizá los menos exportables pero los de más consumo interno) bajen su precio.

Eso es lo que hay que comunicar. Eso es lo que nos pediría que resolvamos ese hipotético cliente, carnicero él, en ese hipotético llamado.

Y todo con cal, agua, y una pinceleta gruesa. "Bajó la carne".

Se lee, ¿no?

15 de febrero de 2006

El diseño, en negro


Se sabe que los derechos laborales han sufrido innumerables embates en los últimos años. Y no sólo en la Argentina.

Algunos de estos derechos tienen relación con el salario y su composición impositiva (aportes patronales, presentismo, obra social, sindicato, etc.).

Declarar legalmente a un trabajador y pagarle lo acordado tomó popularmente el nombre de "blanquear". Quien trabaja en esas condiciones, trabaja "en blanco". O sea, "por derecha" (otra expresión popular que denota corrección; ¿porqué será que lo que va por izquierda es incorrecto?).

En la Argentina hay una enorme cantidad de personas que trabajan "en negro": por contraposición obvia, aquello que no es "en blanco". Es decir, sin aportes jubilatorios, sin obra social, sin ART (riesgos laborales), sin derechos indemnizatorios, etc.

Lo que aquí nos ocupa es una iniciativa del gobierno. Se trata de "blanquear" a uno de los grupos de trabajadores más postergados: los trabajadores domésticos "por horas".

Según la AFIP los trabajadores domésticos son: "los que realizan actividades de mucamas, niñeras, cocineras, jardineros, caseros, amas de llaves, damas de compañía, mayordomos, institutrices, nurses o gobernantas; siempre y cuando trabajen, para un mismo dador de trabajo, como mínimo 6 horas semanales."

Esta iniciativa, decíamos, gubernamental, tiene un valor más importante desde lo conceptual que desde lo económico: el aceptar una realidad callada durante años y mover ciertos mecanismos burocráticos para ensayar un principio de solución.

Vale la intención.

El paso siguiente a la elaboración de este tipo de políticas es su comunicación social. Comunicarlo a la sociedad. Contárselo a quienes serán objeto de incumbencia de la medida. Enterarlos de lo que se decidió. A beneficiarios y a empeladores. Responder preguntas como cómo hacer para cobrar, para inscribirme o para que me inscriban, para reclamar si no me quieren inscribir o si me echan porque insistí demasiado...

Allí entra en escena el bendito diseño gráfico.

Hablamos ya de la contraposición, de la oposición entre el trabajo "en blanco" y el trabajo "en negro". Elementos de alto contraste (el más alto) que pueden ser semilla de un buen partido gráfico. Uno fuerte.
Hablamos también de lo postergados, y muchas veces bastardeados, que son los trabajadores domésticos (más que nada, trabajadoras, ya que suelen ser mujeres).

También podemos intuir cómo son los tiempos del Estado. No es difícil imaginar que las negociaciones entre los distintos ministerios, secretarías, reparticiones, sub-secretarías, etc... hayan insumido, por decirlo así, unas "100 unidades de tiempo" y que el tiempo asignado a la producción de la propuesta gráfica sea de apenas 10 de estas imaginarias "unidades de tiempo". Incluyendo las instancias de presentaciones, correcciones y aprobaciones.

Lo cierto es que la campaña pública se basa en una marca confusa, a mitad de camino entre un huevo y un ojo caricaturizado. Un eslógan o frase fuerza concreto: "El trabajo, en blanco", echando mano a la expresión por todos comprendida. Claro que la marca contradice a su eslógan... ya que queda espacio para el trabajo "en negro" dentro de la mismo signo que pretende negarlo o suprimirlo. Nada indica gráficamente que el área blanca avanza sobre la negra ni que sea efectivamente esa la intención del diseñador encargado de realizar el signo.

Quizá el magenta, fucsia o como sea que se llame el color elegido para el fondo tenga por tarea "llamar la atención". Quizá el presupuesto de imprenta contemplaba sólo dos colores. O quizá faltó probar otras opciones.

A todo esto se le suman muy flojos afiches de vía pública, avisos en medios gráficos, digitales, radiales... una campaña hecha y derecha, fuerte en su contenido.

Y muy débil en su forma.

26 de enero de 2006

Tanto con tan poco


El único diseñador gráfico latino del equipo de diseño de la ONU es argentino. Se llama Matías Delfino y en estos días su nombre se hizo conocido por resolver una pieza de no poca complejidad: un afiche conmemorando el Holocausto nazi.

Vale agregar, un afiche firmado por la ONU. Y rescato: hablamos de un afiche; un género, un tipo de pieza con una potencia, bien utilizada, explosiva.

Delfino, egresado de la UBA, apeló a un recurso que, bien utilizado, genera lo que genera en este caso: cierta sorpresa por el "gag" retórico y una movilización emotiva que tiene que ver con la historia de los símbolos (la flor, el alambre de púas, el negro).

Quizá en instancias de aprendizaje este tipo de operaciones gráficas tenga menor aceptación que en escenarios concretos como los que habitará esta pieza. Quiero decir, este tipo de resoluciones no siempre cuenta con el beneplácito de los docentes de diseño (al menos los de la casa de estudios por la que yo pasé, al igual que Delfino, la UBA) y si contara con él, sería tibio y con los agravantes que tiene lo "ya visto".

Este tipo de juego metafórico puede dar como resultado gráfico algo grotesco como sublime.

La importancia del hecho histórico, los múltiples e internacionales destinatarios de la pieza, sus realidades actuales (pienso en un judío cercano a la franja de Gaza, otro de Nueva York y uno de aquí, del barrio de Balvanera, por citar tres estereotipos; tres destinatarios válidos de la pieza de Delfino) hacen que sea muy delicado el cómo, más allá que el qué y el porqué estén claros.

Delfino apela a lo mínimo indispensable. A lo universal. Con ello logrará lo que sólo un diseñador gráfico conciente de su operar puede lograr: emocionar, movilizar, remover, descubrir vínculos, proponer.
Lo que se tilda de obvio (como si en diseño lo obvio fuese malo per se) en ámbitos exigentes, funciona aceitadamente en aquellos sitios para los que fue creado.

Quién sabe cuántos de estos afiches se imprimirán, dónde serán colgados, si serán obsequiados o si habrá que comprarlos. Tampoco sabremos si saldrán de Nueva York o no. O más, si es algo de la ONU "para" la ONU. Y tampoco sabremos si esto es parte de algo mayor, cuyo objetivo sea explicar porqué hay cada vez más neonazis o mejor dicho, porqué son cada vez más visibles (lo cual no quiere decir que sean efectivamente más).

Creo que lo importante aquí es, dejando de lado el chauvinismo que dispara a Delfino a los diarios argentinos, que el diseño gráfico encuentra una respuesta a una pregunta difícil: ¿cómo recuerda hoy la ONU a las víctimas del Holocausto nazi?

Delfino propuso una respuesta. La ONU la hizo suya.