3 de noviembre de 2008

Fuera de registro



Vamos al grano, ya que el resultado del análisis es claro:

¿En qué estaba pensando el o los responsables de aprobar el diseño del packaging de Ibutenk (Lab. Biotenk) cuando dieron el bendito "ok" tantas veces anhelado por nosotros, los diseñadores gráficos?

¿En qué estaba pensando el diseñador encargado de realizar dicha pieza cuando hizo o aprobó la ilustración utilizada para resolver la imagen del producto en cuestión?

¿Saben, las partes implicadas en este trabajo, del profundo miedo que causa ese rostro cuando se lo observa, gigante, desde la esquina de las avenidas Corrientes y Pueyrredón*? ¿Han visto alguna vez películas de terror?

¿Porqué resolver la pieza de ese modo cuando, en realidad, el Ibutenk es un analgésico destinado a calmar agudos dolores en tejidos blandos... dolores que causarían la rabia necesaria para dibujar y pintar así una cara de un niño?

Esa sonrisa, ¿no es macabra en el contexto de ese dibujo (el analgésico que sienta bien)?

Se sabe que es dificilísimo imitar el trazo de un niño a la hora de recrearlo para su uso comercial... ¿se tuvo esto en cuenta a la hora de abrevar en ese lenguaje?

¿Cuántos testeos previos tuvo este packaging antes de ir a imprenta? No hablo de costosos focus groups; me refiero a un testeo interno, casero, casi amateur. Difícilmente una pieza así apruebe esa instancia básica. Hago una aclaración vital: no se habla aquí del grado de belleza de la pieza (que sea fea o linda no nos interesa en lo más mínimo), la intención es marcar el abismal "fuera de registro" gráfico que padece.

¿Estuvo, este trabajo, supeditado a caprichos de los dueños del laboratorio o es una construcción colectiva en la que todas las partes estuvieron de acuerdo en el resultado final? En cualquier caso, ¿se testeó la imagen de marca de Ibutenk luego de la llegada a las farmacias o góndolas? ¿Qué resultados dieron esos testeos?

Muchas preguntas...
Aunque a ese niño es mejor no preguntarle nada...

* En esa intersección -al menos hasta hace unos días- se encuentra una gigantografía del producto cuya figura protagónica es la ilustración. Realmente da miedo, no es broma.

21 de octubre de 2008

Travestis


Los signos tipográficos, me gusta decir, son flexibles, tienen buen carácter. Aguantan empujones y maltratos con bastante dignidad, y lo hacen a diario.


Lo que difícilmente toleran es que los obliguen a ser lo que no son. En el caso de un sistema como el alfabético, cada parte basa su identidad en sus diferencias con el resto. Si anulamos o alteramos esas diferencias fundantes llegamos a un puerto dudoso: el de la incomprensión de la palabra escrita (y si la palabra escrita no puede ser leída... ¿para qué existe?).

El caso del pobre '3' es dramático ya que se ve obligado a un doble travestismo: primero pasa de ser número a letra y luego se lo maquilla para que se transforme alternativamente en "M" o en "E"; o el caso del '7', no menos apremiado en su forzadísimo rol de 'L'.

Y lo más notable de esta resistencia (que bien usado es potente, ver imagen bajo este párrafo) es la negativa de los signos que, por su morfología, se niegan a perder su identidad -la N, la U, la Ñ- y le echan luz a la fragilidad del recurso.


Se me dirá que la materia prima de la Lotería Nacional son los números. Y que se "lee" sueños, emociones e ilusiones.


Yo contestaré que esa agitada legibilidad es prueba de la buena voluntad que tienen los signos tipográficos de hacerse entender, a toda costa.

Pero agregaré drásticamente que, donde hay números, se leen números. Para eso son números.
La combinación "10" jamás se leerá "io/IO" a primera vista. Se leerá "diez" y luego se decodificará el antojadizo contexto para atribuir nuevas relaciones y poder reconstruir aquél "io" para poder leer la palabra "ilusiones".

Y le prenderé una vela al buen uso tipográfico, que existe a montones y que disfruto, también, a diario.

7 de octubre de 2008

Poner la tapa

En la Argentina no son muchos los periódicos que explotan el potencial expresivo de sus tapas. Hace ya varios años, Página/12 inauguró un estilo que le dió personalidad y que terminó por generar piezas que aún hoy se recuerdan.

Jorge Lanata, antes en P/12 y hoy al frente de Crítica, sigue cavando por esta veta y sigue dándole buenos resultados. Al menos, desde nuestro modesto juicio.

Consigue, con muy poco, una tapa altamente visible en la trama del quiosco y establece un diálogo cómplice con el lector, jugando con el aciago "lunes negro" bursátil y esa coma juguetona que hace que el enunciado mute y se traslade a la mesa de un bar.

Porqué la placa de la marca del diario pasa a la gama "taximetreril" en vez de su usual rojo es una pregunta que quizá tenga su respuesta en pruebas de impresión y contraste (sobre negro, el amarillo "se ve más" que el rojo)... o en puro capricho.

Los ortotipógrafos pondrán el grito en el cielo: dirán -con razón- que falta la apertura del signo de exclamación... pero eso se lo dejamos a ellos.

6 de octubre de 2008

¡Rescatate!

Dentro de la enorme oferta de entretenimiento que habita en la televisión hay un programa que se emite por la señal Gourmet en el que es especialmente interesante el rol que juega el diseño gráfico, aún no siendo nombrado como tal.

Se trata de "Rescate Gourmet", un programa en el que dueños de restaurantes venidos a menos o con problemas económico-gastronómicos escriben al canal Gourmet para recibir un asesoramiento extremo (en una semana se implementa el lifting) que tiene sus raíces en el tan frívolo como pionero Fashion Emergency de la inefable señal E! Entertaiment Television. En aquel programa, recordemos, se modificaba el vestuario, peinado, maquillaje y calzado de una persona que pasaba de ser una "Doña/Don nadie" a un referente cool del barrio.

Volvamos a lo nuestro: en este caso, placas de durlok y catálogos de pinturas en mano, irrumpen los encargados del buen gusto en el local, entrevistándose con los dueños y revisando los puntos más flojos del lugar; criticando duramente primero y luego enseñándole a cocinar de nuevo a pobres cocineros -devenidos en chefs gracias a la impronta Gourmet- que ejercen su trabajo en cocinas de 3x3 de por sí mal organizadas desde el vamos... y replanteando el discurso visual, gráfico del restaurante. Y esto último es lo que nos interesa.

Más allá de lo violento que pueda ser que un establecimiento sea desvalijado en unos minutos y cambiada su fachada, el color de sus paredes, sus lámparas, su cocina y su barra, se encuentra esta detentación de los valores de lo bello y lo decorado que traen consigo los rescatistas Gourmet quienes, en realidad, modifican la apariencia de locales "del montón" por la de locales "cancheros". El problema radica en que los resultados se parecen muchísimo entre ellos, a fuerza de repetirse una y otra vez. Y si algo atenta con la identidad de algo es la carencia o ambigüedad de sus rasgos distintivos visibles, si es que los hay.


¿Cómo poder replantear una identidad en 7 días con reglas preestablecidas y fórmulas que han sido probadas ya mil veces en Palermo Hollywood sin echar por tierra la latente personalidad de locales que están atendiendo a comensales desde 5, 6 o 10 años?

¿Cuánto tiempo se invierte en indagar cuáles pueden ser los rasgos potencialmente rescatables del restaurante? En el aire, ninguno.

¿Porqué los dueños de los locales renuncian a lo que han construido -a los tumbos, quizá- de golpe y porrazo? ¿Tanto vale parecer? ¡Sí, claro que sí!

Entonces, pizzerías de barrio, restaurantes étnicos, cantinas y bares se amalgaman en una suerte de compendio de recursos estéticos, muchos de ellos remanidos, cuyo resultado es que terminan, los locales "rescatados", por parecerse más entre ellos que por distinguirse y potenciar sus particularidades.

Entonces, el chef enviado por Gourmet, devenido en superhéroe, literalmente tacha de un menú la palabra "minuta" por estar cansado de ella y porque va -según él- "contra la comida" (sic) y la reemplaza por "Comidas caseras" ante la pasiva mirada del cocinero para quien evidentemente la palabra minuta no es peyorativa sino simplemente lo que es: un plato hecho rápido, en minutos, ideal para el laburante que come casi de parado.

Y en eso, bajo la atenta mirada de pintores y albañiles que obedecen el ritmo del show, una decoradora con acento entre italiano y español modifica colores sin más explicación que su gusto personal (y sin consultarle absolutamente nada a los dueños del lugar, al menos no ante las cámaras) y descuelga cuadros, llena botellas con bolitas vidrio, cambia spots de luces y usa criterios decorativos que muchas veces son igual de cuestionables que los anteriores aunque, no hay que ser necio, otras veces hace lecturas del espacio que benefician concretamente al negocio: por ejemplo, reubicando el mobiliario para que en vez de poder atender a 20 cubiertos, se pueda atender a 30.

Casi al final de esa semana al rojo vivo -en la que el local cierra sus puertas, es decir, no factura- se llega a la modificación de la gráfica de cada uno de los restaurantes ya devenidos en 'restós'. Y caen en la volteada los menúes y las vidrieras. Y ambos espacios son tierra fértil para modificaciones arbitrarias y radicales de lo preexistente y en donde había un cartel pintado a mano, llega una Futura quirúrgica que estandariza el discurso visual del lugar. Todas estas, las modificaciones, realizadas por la decoradora sin que medie ninguna explicación proyectual que sustente los cambios. Ojo: no pretendo que aparezca un colega diseñador en cámara, sino que se le dé importancia al valor de los cambios para que todo no quede en un "cambiar porque sí", tan peligroso como vacío.


Al final, el menú se redujo -algo razonable para una cocina de 3x3-; el cocinero aprendió algunos trucos; las heladeras están organizadas y los tuppers correctamente etiquetados; los manteles y los floreros con fresias frescas están en la mesa; el canal Gourmet dejó vajilla y utensilios de primera calidad. En suma, el restaurante ganó cosas gastronómicamente valiosas y, de paso, fue rescatado. Aunque el salvavidas Gourmet no sirva para todo: el restaurante no es gráficamente el que era, idéntico a otros, pero es como otros, idénticos a él.

18 de julio de 2008

Horror vacuii


En el arte musulmán existe, entre otras características, una que tiene que ver con el rechazo que causa en aquella cultura el espacio vacío. Por eso se opta por ornamentar densamente todas las superficies desde edificios a páginas caligrafiadas. Aquella tendencia se llama horror vacuii, lo cual en latín significa "terror al vacío".

Tanto en el arte como en el diseño se aplica esa noción a la hora de enfrentarse a la hoja en blanco. Siendo, como aún somos, trabajadores 2D, la hoja en blanco representa un infinito de posibilidades compositivas que puede abrumar a más de uno.

La multiplicidad de caminos que se nos abren a los diseñadores (dejo de lado a los artistas y su universo) ante el plano vacío puede disparar resultados más o menos claros, claridad vital si tenemos en cuenta que tratamos de comunicarle algo a alguien con la menor cantidad de equívocos posible -sobre todo si se trata, como este caso, del volante de un comercio.

En esta oportunidad, ante el horror al espacio vacío... obturo todo el plano con cuanta cosa pueda valerme y genero un entramado de ardua lectura en el cual es engorroso establecer jerarquías, entender qué leer primero y de qué quiere que me entere la gente de AutoLook, todo en lo que dura un semáforo...

Evidentemente, veo "AutoLook", veo "Plan Canje", algún teléfono... y a partir de ahí agarrate fuerte que nos vamos a hamacar: marcas entretejidas, efectos de dudosa calidad, palabras compuestas con casi todas las variables posibles de un par de sans-serifs pero sin un orden lógico. Una pieza 100% confusa, que me cuenta tres o más cosas a la vez y que me deja aturdido y más aún, sumando el rojo magentoso de su impresión. Una pieza que, sin duda, contó con la aprobación -su existencia lo corrobora- de un cliente que pidió "meter todo" y no dejar nada "en blanco".

Puro horror vacuii, vigente como nunca. Como siempre.

20 de junio de 2008

What?!


Mafalda es una de las creaciones de un argentino, en este caso Quino (Joaquín Salvador Lavado), que ha trascendido fronteras y universalizado su mensaje comprometido, crítico y reflexivo.

Para narrar la existencia de un grupo de niños de clase media Mafalda era (es) bastante más ácida que los Peanuts (más conocidos por sus personajes Charlie Brown, Linus y Snoopy, de Schultz).

Luego muy crítica de las distintas desigualdades sociales, paradójicamente, Mafalda le debe su nacimiento a una campaña publicitaria, allá por 1963.

Desde su creación, a mediados de los '60, no hizo más que viajar por el mundo, traduciendo sus viñetas originales a 26 idiomas. Lo notable es que nunca, hasta hace muy poco tiempo, había sido traducida al inglés.

"Traduttore, traditore" (traductor, traidor) dice el dicho. En este caso el encargado de traducir las innumerables viñetas se llama Andrew Graham Yooll, quien tuvo que descartar no pocos chistes por no ser comprensibles para el público norteamericano (por ejemplo, la sopa no encarna ningún cuco para los niños del Norte). Todo esto, además de econtrarse con el desafío que enfrenta todo traductor: el de no perder el espíritu del sentido otorgado por el autor, respetándolo lo más que se pueda.

Hasta ahí, traduttore.

Lo de traditore seguramente no depende del pobre Andrew... pero vale observarlo: ¡cuánta riqueza expresiva tienen esas palabras tan negras, gritadas -tan comunes en Mafalda, tanto la tira como el personaje-, escritas a mano, irregulares, temblorosas, vibrantes, que acompañan las vivencias de los personajes!

¡Cuánto se pierde con el uso de una familia tipográfica que cumple en transcribir, traducido, lo textual pero que tan flaco favor le hace al sentido, quedando a mitad de camino, enfriando todo, grande en tamaño pero aplacada al apoyarse mansa en una línea de base, aún siendo curva!

En fin, ¡bienvenida la Mafalda en inglés! Más gente conocerá la brillante creación de Quino.

Pero no hay caso... Susanita grita sólo en castellano.

30 de mayo de 2008

El afiche mudo


Hace unos días el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires dió a conocer algunas decisiones que tomó en el campo de su identificación gráfica. Los ejes de acción fueron una sustancial modificación del escudo, llevado a una síntesis extrema que cortó toda raíz con el escudo original y desconoció olímpicamente el rediseño -concursado públicamente- llevado a cabo por el entonces Jefe de Gogierno Fernando De la Rúa y, por otra parte, la impresión de una serie de afiches que explotan cromáticamente al amarillo, como principal protagonista.

Sabemos de la potencia gráfica del afiche. Un afiche bien resuelto informa, hace reflexionar, moviliza y genera el tan mentado impacto que muchas veces perdura en el tiempo y trasciende lo efímero que es, casi por esencia, un afiche, convirtiéndolo en un objeto de culto muy parecido a una obra de arte.

Pero vuelvo; en estos días el Gobierno soltó una profusa tirada de afiches con una enorme, titánica H que habita sobre un campo amarillo, por sobre una franja horizontal blanca, rubricada por el nuevo y morfológicamente insulso escudo de la ciudad.

A la H, regente de la pieza, la acompaña una serie tímida de letras, que pretenden ser leídas aún pese a los problemas de contraste que suele traer aparejado el uso del par "grisado - amarillo". Esta cadena de letras reza aciendo Buenos Aires. El aciendo se lee más por estar en negro que por su tamaño; el Buenos Aires casi pasa desapercibido. (Pienso: Qué picardía... ¡Justo lo que estás haciendo, lo más importante, no me lo entero!)

Pero qué significa esta pieza. Estuve varios días, intermitentemente, tratando de entenderla: ¿qué es esa hache elefantiásica? ¿qué significa la frase Haciendo Buenos Aires? ¡Qué alguien me explique este afiche!

Teniendo en cuenta que, más que ninguna otra, la comunicación estatal y pública debe ser clara, concisa, transparente, esta pieza no cumplía nada de eso. Aparece entonces la pregunta: ¿será parte de una campaña mayor y hace las veces de introducción, de incógnita? Pero también irrumpe otro interrogante: ¿está el horno como para que el GobBsAs gaste plata en en estas cosas?

Sin respuestas, hablé con una colega, docente y compañera de la cátedra en la cual trabajo, Valeria, que me pasó su original visión de la pieza. Se trata, me dijo, de la comunicación del comienzo de las obras en la línea H de subtes. ¿Será eso?, me quedé pensando... pero ¿no se anunciaron varias líneas nuevas? ¿No habría que haber sido más claro para un anuncio tan importante?

No me convencí de que sea ese el significado de la, a esta altura, oscura pieza y charlé con otro colega, el amigo mauroliver, con quien nos entretuvimos mucho más hablando de la necesaria, inevitable y tangible dimensión política de toda intervención gráfica que haga el Estado en la comunicación pública que con la tarea de decodificar el malogrado afiche.

La modificación del escudo es un hecho político, me decía mauroliver, así como los tachos de basura y este afiche. Y sí, tiene razón.

La cuidada identidad institucional llevada a cabo por el gobierno de Ibarra, también lo fue. Y no menos cierto es que la identidad de una ciudad, desde su escudo hasta las rampas para las sillas de ruedas que se colocan en las esquinas, debería trascender gobiernos y ser autónoma, como ocurre en otras ciudades del planeta. ¿De qué modo opera la mente de los políticos que, cada vez que asumen, se atribuyen la misión de borrar y hacer cuentas nuevas en toda cuestión que, por ventura, pueda estar funcionando bien? ¿Se analizó la pertinencia de hacer cambios, en este caso puntual, antes de ordenarle a algún colega anónimo abrir el Illustrator para que empiece a redibujar el escudo que, anacrónico o no, nos representa como ciudad?

La prueba de que la incoherencia aún vive y colea es que el antiguo escudo, el barroco, el que tiene la paloma, el Sol, el ancla, el río y los barcos... ¡se sigue usando al pie de muchas piezas oficiales!

¿Tendrá que ver con nuestras penas urbanas esta incapacidad que tenemos de definir gráficamente qué somos? ¿Es viable, es posible llegar a esa definición? La inexistencia de proyectos a largo plazo, también en el área de la identidad institucional, ¿no refleja parte de las razones por las cuales siempre estamos atrapados en conflictos similares que se repiten una y otra vez? ¿Es utópico pensar en desenganchar estas cuestiones (ésta y tantas otras...) de los avatares de la política y armar equipos autónomos e idóneos que trabajen paralelamente al color político de quién gobierne?

Y por último, ¿qué significa esa enorme H?

/ / /

Nota: Al final, parece que la H es por el Hacer. Se sabe que Macri basa gran parte de su atractivo público en su capacidad de gestión. Vi estos días otros afiches, también amarillos, que dicen algo así como "Estamos haciendo que la Ciudad tenga más tachos de basura" y cosas así. De este modo, empieza a cerrarse el círculo y aquél signo, fonéticamente mudo en el castellano, empieza por fin a balbucear algo...

29 de mayo de 2008

Identidad desinflada


"En Repsol YPF se tiene el convencimiento de la enorme y creciente importancia de la marca como elemento clave en la diferenciación del producto y servicio, la continuidad del liderazgo de cara a clientes y la sociedad en general, y la capacidad de atraer y retener capital humano. Una identidad común óptimamente gestionada permite a la compañía presentar un mensaje unívoco y diferenciador ante sus audiencias, así como construir vínculos de pertenencia con ellas."

Este breve extracto de la página web de Repsol YPF, complementado a su vez con la máxima que puede leerse a modo de misión, "Ser una empresa internacional petrolera y gasista integrada, admirada, orientada al cliente y a la creación de valor", me hizo pensar en la vinculación que existe entre la realidad palpable de una empresa y su imagen marcaria, casi siempre ideal.

No se descubre nada nuevo si se afirma que Repsol YPF es una empresa gigante: opera en más de 30 países, explora, comercializa gas y combustibles, refina, etc.

Privatización mediante, la otrora gloriosa YPF -con la red más vasta de estaciones de servicio de la Argentina- sumó el importante grano de arena de su consistente imagen pública a la compleja fusión (más que fusión, una organización fue comprada por la otra) con la empresa española Repsol, allá por 1999.

De esa amalgama surgió un nuevo nombre: Repsol YPF. La clave de la importancia de YPF (nombre con cuyas iniciales muchas veces se bromeó, reemplazando a "Yacimientos Petrolíferos Fiscales" por "Yrigoyen-Perón-Frondizi" o, más recientemente, por el menos feliz "Ya pasó Fangio", parte de una campaña publicitaria) es que no resignó su lugar en el nombre de la nueva empresa. Los argentinos no hubiesen tolerado fácilmente que YPF ya no existe más; entonces el "engaño" suplió esa triste realidad manteniendo su sigla, ya casi vaciada de contenido, pero reconfortante para quienes tienen añoranzas del Estado fuerte que dió lugar a la creación de una empresa como aquella. (Nota aparte: hace no mucho leí que en la creación de Petrobras, la gigante empresa petrolera brasileña, se tomó como modelo a YPF...).

Pero no es el objetivo de este artículo narrar la historia de la evolución identitaria de Repsol YPF desde 1999 hasta la fecha. El objetivo es, como decía al comienzo, tomar nota de la distancia que existe entre la implementación efectiva de un sistema gráfico (en este caso millonaria en pesos, por la cantidad astronómica de escenarios a intervenir) y el casi nulo mantenimiento posterior del mismo.

Si bien cambiar de marca es, muchas veces, cambiar la manera de acercarse al eventual cliente, renovar discursos y modificar estrategias, no menos cierto es que esa movida no puede quedarse sólo en la primera etapa, más pirotécnica, de la presentación en sociedad de los nuevos signos (¿quién no se deslumbró cuando conocimos las nuevas estaciones de servicio de Repsol YPF?).

Mantener la "salud gráfica" de una marca es un trabajo constante que no debe amainar nunca ya que la imagen de la empresa es la que se resiente con cada revés que le da el paso del tiempo al adhesivo de una letra corpórea que ya no ocupa su lugar... (¿quién no se lamenta hoy, al ver el calamitoso estado de muchas de las "islas" en las que están las mangueras de los combustibles, cuando no hay ni dos letras autoadhesivas juntas y donde todo los espacios proyectados inicialmente ya no se usan, se usan mal, o fueron mal proyectados desde un comienzo?).

Para ir al grano, lo que quiero contar se trata del inflador de una estación Repsol YPF que hace más de un año y medio que no funciona. Sí, un año y medio.

Me acerqué a la encargada de la estación y le pregunté, desde mi modesto -y a la vez poderoso- lugar de cliente cómo podía ser posible que una empresa como esta no pueda arreglar un inflador de neumáticos de una semana para otra. ¡Ni hablar del año y medio!

La encargada, algo avergonzada (aunque no tanto), empezó a narrarme el entramado burocrático que tiene que atravesar un pedido de reparación de un componente de la estación de servicio: que service oficial de acá, que repuestos importados de allá, que me (sic) cobraron $900 por una reparacion que no hicieron, que no tengo otra que esperar, etc, etc...

Me fui sin respuestas ciertas. Atrás dejé al inflador (aún no funciona) y a la imagen de marca de Repsol YPF, algo magullada.

Aquel lastre, patrimonio exclusivo de las empresas estatales -las burocracias paralizantes y amansadoras, cuando no corruptas- también parece haber sido adquirido por los españoles, allá por 1999.

Y para inflar las cubiertas... probaré con una Shell, una Esso o con la eterna gomería de barrio, que seguro no me va a fallar.

17 de marzo de 2008

Durísimo


Es tentador ser crítico de televisión. A veces pareciera que no hace falta mucha preparación para serlo... con sólo ver televisión basta, no más. Pero vamos a resistirnos y a hablar de diseño; lo que nos hemos propuesto desde este modesto blog.

En la televisión hay diseño gráfico; la pantalla está repleta de diseño gráfico. Y cuanto más cuidada es "la gráfica" de un canal o de un programa, mejores parecen sus contenidos (ecuación dudosa y no siempre cierta).

Un canal de televisión es un sistema gráfico. Cada uno de los programas emitidos por él, es parte integrante de ese complejo. Algunos son gráficamente más díscolos, otros menos.

'Duro de domar' (antes, 'Indomables') casi desde sus inicios fue un programa con una fuerte apoyatura gráfica (y auditiva) de los distintos "gags" que forman parte del programa. Así, fueron naciendo lentamente algunas muletillas que se hicieron populares rápidamente: desde el ¡Chan! a secas hasta el tsunami; el Lanzani; la lluvia de chanes, etc, etc, etc.

Todo el humor del programa se apoyaba en una mezcla sutil entre el absurdo de secciones como "Me colgué del Cable" hasta lo netamente bizarro de "Kitsch". Y la gráfica sustentaba eso con habilidad, con guiños groseros y hasta berretas, pero siempre bien resueltos (es difícil diseñar de esa manera sin caricaturizar burdamente la caricatura). Las animaciones e ilustraciones eran de una "mala factura" intencional y, a la vez, graciosa.

'Duro de domar' era un producto gráfico coherente. A la vez parte del cuidado sistema gráfico de Canal 13 pero apelando a una pantalla estéticamente cercana al peor programa de K24 (desprolijísimo canal de cable bonaerense).

Se sabe que "lo bueno no dura" así que, a caballo de una nueva temporada regida por el imperativo de "cambiemos todo porque la gente se aburre", DDD cambió en 2008 su gráfica de una manera radical, apostando a una verborragia visual poco saludable (como antes, cada comentario destacable de un panelista se subraya auditivamente; mas ahora también gráficamente, con un CHAN 3D...) y a una especie de re-styling de cada uno de los otrora truchos y berretas separadores (por ejemplo, con la llegada de innecesarias olas 'realistas' en el tsunami de chanes).

Tampoco podemos ser ingenuos: se entiende que año tras año los programas se renueven al menos en lo visual ('Duro de Domar', en sí, es idéntico casi desde que comenzó). Por esto la intro del programa y su escenografía está ahora basada en una suerte de Tarot. En 2007 fue un circo de freaks del cual Pettinato era el domador. En el '06 se apeló a plastilina animada cuadro a cuadro. Todo, las tres veces, muy bien resuelto.

Pero, si no cambió el humor ni los libretos... ¡ni los simples efectos de sonido! ¿porqué cambiar el sustento gráfico de aquellos?

Es cierto que en los años anteriores hubo ciertas "lavadas de cara" a los separadores, pero se mantuvo su espíritu burdo y tosco (repito: tan intencional como gracioso).

En 2008, subidos a vaya a saber qué moderno soft con efectos 3D, todo se "artificializó"; todo se perfeccionó, brillando de un modo realista pero perdiendo la frescura que, muchas veces, es la que arranca sonrisas.

3 de marzo de 2008

Critica Crítica


El domingo pasado llegó a los kioscos un nuevo periódico: Crítica de la Argentina, con su director estrella Jorge Lanata y el aura del famoso diario homónimo que lo precedió décadas atrás.

Es de celebrar proyectos de este tipo porque, además de generar nuevos puestos de trabajo, abren una brecha en el modo en que nos informamos de lo que nos rodea, proponiendo una nueva mirada que uno podrá o no compartir pero que será nueva, diferente a las ya conocidas e instauradas.

Se generarán las esperables polémicas y dudas (¿quién pone la plata?) pero un diario tiene el poder propio del periodismo y de todo lo publicado: una vez que está impreso, es real, verosimil...

Pero lo que aquí nos atañe es hablar de diseño. Y de diseño hablaremos.

Los afiches que hubo en la vía pública tenían un 'collage' similar al banner capturado para ilustrar este artículo. Si bien el recurso no es nada nuevo (hace poco un Banco apeló a lo mismo para uno de sus avisos) es llamativo y mueve a quien lo observa a identificar cada una de las letras y su correspondiente origen (las marcas de sus competidores/vecinos de kiosco).

No vamos a abrir juicio acerca del logotipo del nuevo diario (tema jugoso, pero de otro artículo) pero sí acerca de esta pieza: el banner y su estructura narrativa.

Aquí vamos: el diario arma su nombre utilizando letras de las marcas de los otros diarios. A medida que se agrega cada letra, hay un mensaje que hace una clara alusión a ese diario en particular. Por ejemplo: en la 'C' de Clarín dirá "Llegó un diario que no solo informa"; en la "i" de Crónica "Llegó un diario que no fabula" y lo más irónico, por la estrecha relación entre Jorge Lanata y ese diario, en la 'a' de Página/12... "Llegó un diario que no cambia de opinión".

Es decir, por cada letra un palo a los demás diarios y una virtud de Crítica.

Si nos ponemos en duros, podemos decir que todo arranca torcido ya que el nombre del diario es 'Crítica' con tilde en la primera 'i' y la composición dice 'Critica', sin ella (culpa de que Crónica no se llama Croníca). Pero dejemos pasar ese detalle (aunque, en realidad, la ortografía es una sumatoria de detalles...) y juguemos con el sentido de esta pieza gráfica. O al menos con uno de ellos; uno posible.

Y lo haremos con una pregunta retórica. Ella podría enunciarse de la siguiente manera: si yo configuro el nombre de mi diario con las letras de otros diarios y apareo una cualidad (en este caso, defecto) con cada una de aquellas, ¿no estoy asumiendo que todas ellas estarán presentes en mi propio diario?

Poniéndonos metafóricos, si construyo un muro que está formado por ladrillos que extraje de otras paredes, mi pared reflejará necesariamente sus desparejos origenes ya que los ladrillos serán distintos.

Si todo lo anteriormente expuesto tuviera alguna lógica, entonces puedo pensar que Crítica será tanto un diario que "se regala" (como La Razón); como que le hablará "sólo a la gente como uno" (como La Nación) y que "segmenta" (como El Cronista Comercial)...

El diseño gráfico es un arma de doble filo. Es obvio que con la pieza analizada el enunciador (Crítica y Lanata) quisieron decir exactamente lo contrario a lo que aquí se interpreta. Pero no menos cierto que esta interpretación no es para nada descabellada.

Creemos que un recurso llamativo y de cierto impacto (pegarle a los demás periódicos citando gráficamente a sus marcas) al fin y al cabo confunde los tantos y enmaraña el quid de la cuestión que es, como sin duda lo fue, que nace un nuevo periódico, y que es distinto a todos los demás.

2 de enero de 2008

Estaría bueno barajar y dar de nuevo...

Sin duda, los problemas de una megaciudad como Buenos Aires no pasan sólo por el diseño gráfico de sus mensajes institucionales o de la comunicación pública en general. Pero sin duda, repito, aceitar ese mecanismo (el de la comunicación) al máximo será un punto a favor que despejará nubes de cualquier gestión.

Luego del intento de comienzos de los '70 (González Ruiz y equipo) cuya implementación sufrió el paso del tiempo y sobre todo el 'uso', el trabajo de generar para la ciudad un nuevo sistema gráfico y discursivo coherente lo encaró el gobierno de Anibal Ibarra.

La identidad de la ciudad de Buenos Aires, a fuerza de naranja y negro, fue cobrando peso. Antes, el armado de un equipo de trabajo idóneo y después, el progresivo y programado rediseño completo del gigantesco 'corpus' gráfico de una ciudad como Bs.As.: los impuestos, vehículos, señaléticas, afiches, y demás conglomerados de piezas gráficas (valiéndose de, por ejemplo, la generación de imágenes fotográficas genuinas de la ciudad) fue una obra titánica que parecía haber llegado a un buen puerto, estabilizándose su reconocimiento y generándose el anhelado sentido de pertenencia que todo trabajo de esas características persigue.

Las dependencias del gobierno empezaron lentamente a adquirir cierta coherencia interna (sólo gráfica; la burocracia no entiende de lógica). La órbita de los mensajes institucionales era clara, basada en el manejo estable del plano y de las proporciones de los elementos.

Los espacios y obras públicas se reconocían como tales con más facilidad, producto de una señalización a tono con su superestructura: el programa de comunicación de la ciudad.

En resumen, Buenos Aires se volvía, gráficamente, una ciudad fuerte. Los problemas habitacionales, sociales y de otras índoles no se resuelven con buenas marcas, eso está claro...

El primer revés al sistema se lo dió Jorge Telerman, otrora vicejefe de gobierno de Anibal Ibarra, devenido Jefe, post-destitución de Ibarra (post-Cromañón). Telerman comenzó un inexplicable replanteo de algunas piezas bien visibles del sistema, por ejemplo, las ambulancias del SAME (que habían cobrado una exposición notoria en Cromañón y por el programa de televisión 'E24'). La intervención de la gestión Telerman en este botón de muestra anunciaba cambios innecesarios que sin duda iban a propagarse a la brevedad hacía otras piezas.

Y así fue: Telerman abrió fuego contra la marca (gobBsAs) y arremetió con su 'a+' (amás Buenos Aires / actitud positiva) que empezó a convivir a regañadientes con su 'marca madre' hasta llegar a desplazarla por completo. Viró al azul lo que antes era naranja y negro; agregó al 'a+' una torpe síntesis de un fileteado porteño y comenzó a confundir a todos ya que, es inevitable, convivían en la calle innumerables piezas de la marca 'gobBsAs' con las de 'a+'.

El tema es que Telerman no tuvo mucho tiempo para desplegar su plan de comunicación: perdió las elecciones y tuvo que irse. Gráficamente hablando, su gestión debilitó sin razones explícitas la marca 'gobBsAs' y no llegó a afianzar 'a+'. Es decir, ni una cosa ni la otra.

El flamante Jefe de Gobierno es Mauricio Macri. Un hombre del 'palo empresarial', con fuerte conciencia del valor de una buena marca (sin caer, podemos imaginar, en las ingenuidades de si es "linda" o "fea"). De hecho, a caballo de un amarillo furibundo, su campaña tuvo una fortísima presencia gráfica (aunque flaca en contenidos...) y su '>pro' se convirtió en una marca apuntalada, estable.

Con semejante manifiesto (gráfico, insisto) pre-electoral, la duda era ¿qué hará Macri con la imagen de la ciudad?

La respuesta, para quienes no formamos parte de la 'cocina' o para quienes no tenemos acceso a quienes sí tienen acceso a ella, se ve en la calle. Y en la calle se vieron en estos días algunos afiches que dan por tierra ambos trabajos anteriores: 'gobBsAs' y 'a+'. Se observa una barra gris, al pie, con la leyenda "Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires". Un paso atrás, que desconoce méritos previos (no los de 'a+', ciertamente) confundiendo una vez más gestiones con aciertos puntuales. Lo único que sobrevive es la tipografía, eterna palo-seco.

¿Se lee como un gesto de debilidad política aceptar que el trabajo del equipo de comunicación armado en la gestión Ibarra trabajó con profesionalismo y generó resultados satisfactorios en el ámbito de la comunicación pública de la ciudad? ¿No es torpe no entender que la comunicación pública (bien administrada, sistematizada y programada) de una ciudad trasciende cualquier bandería política o cualquier gobierno de turno? ¿Vamos a pagar nuevamente un trabajo que ya estaba bien hecho? ¿Porqué?

Habrá que esperar para ver qué hace Macri con este tema pero echar por la borda los logros obtenidos sólo porque los consiguió otro es un signo claro de la inmadurez política de quienes nos gobiernan, quienes confunden lo público con lo privado y creen que el acotado tiempo que ocuparán sus cargos delimita "un antes y un después" insoslayable que necesariamente implica barajar y dar de nuevo. Una vez más y aunque no haga falta.

Así lo han hecho los presidentes (por último, Kirchner con su "Argentina. Un país en serio."; es de esperar que su esposa lo mantenga...) y al menos por estos días así parece hacerlo Mauricio Macri, a poco de empezar a gobernar la ciudad de Buenos Aires.