18 de julio de 2008

Horror vacuii


En el arte musulmán existe, entre otras características, una que tiene que ver con el rechazo que causa en aquella cultura el espacio vacío. Por eso se opta por ornamentar densamente todas las superficies desde edificios a páginas caligrafiadas. Aquella tendencia se llama horror vacuii, lo cual en latín significa "terror al vacío".

Tanto en el arte como en el diseño se aplica esa noción a la hora de enfrentarse a la hoja en blanco. Siendo, como aún somos, trabajadores 2D, la hoja en blanco representa un infinito de posibilidades compositivas que puede abrumar a más de uno.

La multiplicidad de caminos que se nos abren a los diseñadores (dejo de lado a los artistas y su universo) ante el plano vacío puede disparar resultados más o menos claros, claridad vital si tenemos en cuenta que tratamos de comunicarle algo a alguien con la menor cantidad de equívocos posible -sobre todo si se trata, como este caso, del volante de un comercio.

En esta oportunidad, ante el horror al espacio vacío... obturo todo el plano con cuanta cosa pueda valerme y genero un entramado de ardua lectura en el cual es engorroso establecer jerarquías, entender qué leer primero y de qué quiere que me entere la gente de AutoLook, todo en lo que dura un semáforo...

Evidentemente, veo "AutoLook", veo "Plan Canje", algún teléfono... y a partir de ahí agarrate fuerte que nos vamos a hamacar: marcas entretejidas, efectos de dudosa calidad, palabras compuestas con casi todas las variables posibles de un par de sans-serifs pero sin un orden lógico. Una pieza 100% confusa, que me cuenta tres o más cosas a la vez y que me deja aturdido y más aún, sumando el rojo magentoso de su impresión. Una pieza que, sin duda, contó con la aprobación -su existencia lo corrobora- de un cliente que pidió "meter todo" y no dejar nada "en blanco".

Puro horror vacuii, vigente como nunca. Como siempre.