30 de diciembre de 2010

Te dejo mi tarjeta


Debo decir que los rankings me parecen tontos y arbitrarios. Me refiero a todos: desde los 100 mejores discos del año a los 10 mejores helados de dulce de leche, pasando por las 50 mejores tipografías de la década...

Pero existen.

Y hace un rato me llegó el link a uno de los tantos listados que suelen armarse cuando un año termina, a modo de balance o resumen. En este caso, se trata de las 100 mejores tarjetas personales de 2010.

Entre muchas apareció esta imagen. No sé si es de las 10, 100 o 1.000 mejores tarjetas, pero sin dudas es un trabajo interesante. Se trata de la tarjeta de Global Sound —Disc Jockeys—, que funciona tal como se observa: girando el disco calado (haciendo una suerte de mudo scratching) se ven los datos de contacto, sin los cuales la pieza no tendría sentido ni utilidad alguna.

Excelente idea que, además, entra en todos los tarjeteros...

Por mi parte y aunque nunca se enteren felicito a Deepak Nagar y Nasheet Shadani, —hindúes ambos y empleados de McCann y de Ogilvy respectivamente— autores de este trabajo.

20 de diciembre de 2010

¡Felices diseños!

Se vienen las Fiestas. Y con ellas, cientos de mensajes y salutaciones diseñadas. Se vienen marcas con gorros de Papá Noel; copos de nieve (¡con esta calor?); muérdagos; esferas y cintas rojas y verdes... ¿Es realmente necesario todo eso?

1 de diciembre de 2010

Lou-Fai


Qué dificil es realizar correctamente un pictograma, un icono sintético.
Qué dificil es entender este pictograma, el de la foto.
Qué pasaría si suprimimos el mensaje textual del pie, ese tímido wi-fi, que nos salva de un limitado aunque embarazoso papelón gráfico.

Memoria

El Parque de la Memoria es una visita obligada.

Todos: ancianos, adultos, jóvenes y niños —apenas puedan entender qué se conmemora allí— deberíamos ir alguna vez.

En él hay un monumento, un muro, en el cual hay inscriptos más de 6.000 nombres de desaparecidos. Y también hay obras de arte que abordan el tema de la lucha, de los crímenes, de la desaparición, de la violencia, del terrorismo de Estado.

Entre esa obras —para mi gusto algunas demasiado abstractas y crípticas, otras menos— hay una que se destaca especialmente por su imponente claridad conceptual y material. Se trata de una serie de carteles, recreaciones de señales viales, que ilustran sintéticamente, paso a paso, hitos de las dictaduras en América Latina y, con más detalle, la que tuvo lugar aquí, entre 1976 y 1983.

Lo obra lleva la firma del Grupo de arte callejero y se llama "Carteles de la memoria".

RealTel / NexTex

—¿No es parecida a...? Sí, ¿no?
—¡Uff! Sí que es parecida.
—No, no es parecida. Es igual.
—¿Qué hacemos? ¿Mandamos una carta documento?
—Mmm... No, dejá... Mucho quilombo.

Letras muertas



Una oda al expresionismo alemán, al Dr. Caligari y a todo el imaginario del terror más oscuro y siniestro. La señalética de la Morgue judicial no puede ser mejor. No puede ser más fiel a los temores que infunde. No puede.

Rotundamente prohibido

Por la calle Viamonte pasó un letrista afecto a las góticas rotundas, cruzadas con alguna carolingia tardía, tan personal como regordeta y elegante. Lamenté, arriba del 99 desde el que tomé esta foto arrebatada, que el signo de Prohibido estacionar no tuviera el mismo espíritu que las letras que lo subrayan. Luego me di cuenta: no está hecho por la misma persona.

Jumbo


¡Gloria y loor al minúsculo ejército de letristas que, fibrón biselado en mano y una muñeca admirable, resuelven con estas bellas letras las ofertas y anuncios especiales en Jumbo!

Roy


El Partido Socialista no nos ha solicitado este análisis. Lo hacemos de oficio, de onda, por simpatía con la ideología socialista —aunque no por el partido en cuestión, que entre tanta alianza ya no se sabe bien a qué clase de socialismo representa ni si es realmente socialista...

El resultado es poco auspicioso: Roy Cortina padece de gigantismo en el brazo izquierdo (sí, el izquierdo, el del corazón) agravado por portación de rosa roja. Y además, comete un craso error: dentro del universo gráfico del afiche político que se vale de una cara para convencer o darle difusión y/o permanencia al candidato dueño de ese rostro, es menester que los ojos de ese rostro miren a los ojos del destinatario. Ya sabemos lo que significa no mirar a los ojos o no poder mantener la mirada... Aquellos que estudian los signos corporales no dudan en calificar como propensos a decir mentiritas a aquellos que no logran mantener la mirada por más de un par de segundos.
Roy mira a alguien que no soy yo, que miro el afiche y escruto sus ojos, sino que mira a alguien ajeno, errático, parado al lado del fotógrafo, al lado mío. No mira a un horizonte lejano, soñador, como López Murphy en su reciente afiche... sino que no mira a nadie.

Lo que es peor, esa mirada parece la de una impersonal foto de documento o de pasaporte, no de un político sincero (no dudamos de la hombría de bien de Cortina, solo decimos que no sólo hay que ser sino parecer).

En resumen, es muy incómoda la sensación de no sentirse mirado de manera franca a los ojos por el candidato que, eventualmente, pretende mi voto para representarme.

Cuando Roy nos mire a los ojos, podremos discutir seriamente qué significa un frente progresista en la ciudad...