14 de abril de 2011

¡Lavame, sucio!


Este es un ejemplo práctico, caros lectores, del valor de las marcas.

Al Laverap de arriba no entro ni a punta de pistola. Sólo dejaría allí mi ropa para lavar si los dueños fueran familiares directos míos o bien amigos íntimos.

Al Laverap de abajo entro como quien entra a un locutorio sabiendo perfectamente, de modo casi inconsciente, qué obtendrá a cambio.

No tiene ningún valor que en el de arriba tengan mejores y más nuevas máquinas lavadoras o que la señora que plancha sea un prodigio de destreza y esmero o que te atiendan siempre con buena cara. El problema radica en que no llegaré nunca a enterarme de eso ya que me quedaré en la puerta, calculando cuántas clases de cucarachas van a caminar sobre mis remeras antes de que entren al lavarropas...

Lo que no deja de enternecer —sin ser atenuante de esta notoria contravención gráfica— es el profundo respeto corporativo que le tuvo la persona encargada de pintar la fachada del local de arriba a la ligadura entre la V y la E y a la inclinación general de toda la marca. Lo que se dice un tipo observador.

1 de abril de 2011

La belleza está en todas partes


Cada loco con su tema, se dice.

Y es cierto: una minoría minúscula repara en algo como lo que fotografié para este pequeño homenaje a un letrista anónimo que pintó hace mucho tiempo esta vidriera de una ferretería del barrio de Palermo.

Pero déjenme decirles algo sobre esa S... ¡Qué belleza! ¡Qué curvas y yo sin frenos!
¡Qué muñeca, qué manejo del pincel! Envidiable.

Nunca ningún plotter podrá lograr una letra así.

Roy II


Lo bueno de internet es que uno accede a información que puede servirle y que de otro modo se hubiera perdido o hubiera pasado por alto. ¡Qué bueno que los asesores de imagen de Roy Cortina leyeron el post publicado en este mismo blog, semanas atrás! De ese modo, pudieron avisarle al candidato y reparar algo que, en estos tiempos donde la-imagen-es-todo que vivimos, no lo dejaba nada bien parado en la escena electoral que se nos viene a los argentinos este año.

Celebremos el cambio: esa paleta de colores, entre moderna y austera (¿con un contraste discutible? Puede ser...); esa foto bien iluminada; ese rostro sereno y confiado, que me mira, me interpela. Además, la otra pieza, en sintonía, apoyando con un eslógan simple y recordable. Quizá el único problema sea que la Futura es casi una marca registrada de la UCR... y Futura + rojo es aún más radical... Pero no por eso obviemos este significativo paso adelante dado por la versión gráfica de Roy Cortina.

¿Que los afiches de los candidatos no hacen cambiar de idea a nadie? ¿Que hoy el género afiche político es casi en su totalidad un compendio de caras más o menos bien fotografiadas sin contenidos, sin ideas? Puede ser... pero dentro de la chatura, lo que está tiene que estar bien.

Sr. empresario, ¡no deje que lo engañen!


Si le han dicho que debe cambiar su marca, no haga caso. Su marca está bien. Lo que tiene es algunas clavijas desajustadas. Está desafinada. ¿Le explico? Bien, se trata de lograr una misma modulación en los trazos, ¿no me sigue? Digo, su marca parece hecha con una punta chata, una especie de pluma de esas que suelen usarse en caligrafía. Esas plumas, para lograr un efecto armónico y proporcionado, suelen usarse con un ángulo de inclinación que se mantiene a lo largo del trazado de todos los signos y eso le da unidad formal a las letras. Fíjese que eso en su marca no ocurre: el trazo medio de la F responde a otra inclinación y la pluma está rotada; la O está a 90° mientras que la S a 45°. La C, pobrecita, es una O mordida cuando en realidad habría que prestarle más atención. La H adelgaza trazos que deberían haber mantenido su peso y engorda el que debería haber adelgazado; la I sufre de enanismo y la A —quizá el signo más personal de su marca— tiene una pancita en donde no debiera, casi como pidiendo una lipo. Si usted lo desea le hago una propuesta, va a ver que va a quedar muy bien. Después hablamos de dinero, no se preocupe. Por favor, faltaba más. Gracias; no, no hay de qué. Buenos días.