31 de mayo de 2011

La lengua popular


Al gran pueblo argentino:

Serás un segmento apetitoso para los medios gráficos que, ante la caída de las ventas en otros segmentos, notarán tu presencia.
Habrá no uno, ¡dos! diarios nuevos que saldrán a competir por tu atención y tu bolsillo.
Y el otro de los diarios*, el Popu, que hace rato vende a lo pavote**, se renovará de pe a pa para dar pelea.
Seguirán interesándote el deporte, los burros y algunos hechos truculentos o bien, algún chisme o escándalo mediático.
La política, la economía y la moda te interesarán menos que a las clases media y alta.
La bolsa de valores y la cotización del euro no te interesará.
Costarán, los diarios que se disputen tus pupilas, no más de dos pesos con cincuenta.
En la portada, gritarás con condensadas palosecos de un modo casi tarzanescamente telegráfico (Libre) y breve; cortito y al pie; palo y a la bolsa.
Las marcas de estos diarios tendrán rojo y seguramente alguna explicación arrevesada y absurda hay para eso.
El Libre, parte de la familia del coqueto Perfil, será un compendio de columnas muy mal compuestas (todos los ríos desembocan en sus páginas...) y textos armados a la manera de un catálogo tipográfico sin ton ni son.
El Popular, de tan canchero que quedó, casi parece irse de un género que pareciera basarse en un diseño sin muchos cuidados ni detalles. Puro prejuicio.
El Muy, que insólitamente usa en los titulos la misma tipografía que el Libre (colegas... ¿no había otra?), será en su interior el primo proletario del rico Clarín (es gráficamente muy fuerte el uso de la misma tipografía para el cuerpo del texto; es como el Clarín ecualizado para el vulgo).
Por si se pierden tus ojos, se usarán renglones, filetes gruesos, para subrayar las líneas de las volantas.
Pareciera que no te interesa el humor o el solaz... ya que casi no hay espacio para chistes o humores gráficos.
Tampoco tendrás mucho tiempo para crucigramas o sopas de letras.
Quedate tranquilo, varón: la "chica Popu" sigue...
Serán, los tres, tabloides.
Serán, los tres, breves, de lectura fácil y rápida.
Tendrán, los tres, más o menos chispa a la hora de titular.
El Popular olvidará que las mayúsculas llevan tilde.

Pueblo argentino, la decisión es tuya.


* Parece un sacrilegio no nombrar a Crónica, pero su incidencia en el mercado de los diarios populares está en caída libre. Casi para una placa roja...
** Cerca de los 100.000 ejemplares diarios; el tercer diario en ventas de toda la Argentina.

23 de mayo de 2011

¡Sos boleta!

Este posteo podría titularse "El diseño gráfico al servicio de la democracia", pero no, opté por el chiste fácil.

El sistema de Boleta Única (BU) que acaba de estrenarse en las internas realizadas en la provincia de Santa Fe (y que próximamente se usará en Córdoba) tuvo su debut en Australia, allá por el año 1856. A partir de allí, según cuenta el Manual Electoral de la provincia, se implementó en la mayoría de los países democráticos del mundo. En Sudamérica, sólo la Argentina y el Uruguay mantienen la boleta tradicional o "sábana". El resto de las naciones apostó ya por esta modalidad, cuya característica más importante es presentarle al votante todas las opciones en el mismo soporte, simultáneamente.

Paralelamente, también deberíamos empezar a despedirnos del "cuarto oscuro" y de elegir en soledad ya que la BU implica una suerte de multiple choice que se realiza en cinco boxes simultáneos, con las autoridades de mesa dentro de las aulas.

Algunas de las ventajas de este sistema son (siempre según el mencionado Manual):


  • La BU agrupa a la oferta electoral completa en un mismo lugar, garantizando el derecho a elegir y ser elegido.

  • Ataca las prácticas clientelares, ya que no será posible contar con las boletas antes de los comicios.

  • Pone fin al negocio de la impresión de boletas, del cual sacaban provecho pequeños partidos.

  • Garantiza la equidad entre los competidores: todos los partidos y candidatos tendrán un espacio y visibilidad equivalentes.

  • El sistema le asegura al votante mayor autonomía a la hora de decidir ya que en contraste con la boleta "sábana" tradicional, hay que seleccionar —mediante una tilde en el casillero que le corresponda— al candidato para cada cargo en particular.
El sistema implementado tiene una apoyatura cromática (cinco colores de boleta —verde, naranja, azul, rojo y amarillo—, uno para cada cargo sometido a elección) y fotografías y emblemas de los partidos, lo que facilita el acceso y el procedimiento de la votación a aquellos ciudadanos no alfabetizados.

De más está decir la importancia crucial que tiene en la eficacia de este sistema un diseño claro y llano de la información.

Todo depende de la manera en la cual el ciudadano se relacione con esta nueva modalidad, con esta nueva manera de votar cuya implementación implica una necesaria inversión en comunicación social* y un aprendizaje en todas las capas de la sociedad. Además, no hay margen de error ya que se trata de una elección de cargos públicos y que, para la salud del sistema y su trascendencia, todo debería transcurrir con la mayor transparencia posible.

Es en estos casos donde el diseño gráfico incide, ayuda, potencia.

La materialización de la nueva boleta, según pude leer, estuvo a cargo del Poder Ejecutivo y en lineas generales el sistema parece haberse estrenado de buena forma.

Quizá uno de sus puntos flojos —del diseño y la planificación; del proyecto— fue que, en algunos casos, las urnas se llenaron de boletas bastante antes de que termine la jornada lo cual obligó a las autoridades de mesa a introducir una regla en la boca de la urna para disciplinar a los apretujados sufragios; el Tribunal Electoral terminó autorizando abrirlas para acomodar las boletas y poder seguir. También, según cuentan, doblar las boletas por las líneas punteadas marcadas para ese fin fue engorroso y llevó más tiempo que la elección en sí .

En suma, nada que no pueda mejorarse para la elección de Córdoba y que, finalmente, llegue a todas las votaciones que se hagan en la República Argentina.

* El Gobierno de Santa Fe (cuya marca es una reconversión escorzada de la de Multicanal...) preparó este didáctico sitio para contarle a todos —todos aquellos que tienen acceso a internet, vale decir— de qué va la mano.

20 de mayo de 2011

Feliz cumpleaños

El encuadre del iso tradicional de la Universidad genera síntesis y simpleza sin perder la identidad visual UBA. Desde el color se buscó una doble lectura, con negro el iso + UBA por un lado y en cyan 190 + aniversario. Es una aplicación estéticamente actual, con una mirada hacia el pasado.

Lo que acaban de leer es la descripción —tan nuestra, tan propia del mundo del diseño— de la marca elegida para identificar los primeros 190 años de la Universidad de Buenos Aires.

La elección fue en el sitio web de la Universidad y votaron poco más de 7000 personas.

La ganadora arrasó con más del 40%.
Hubo otras propuestas —cinco más— que rondaron el 10% y no más del 16 %.

Y yo, debo decirles, voté a la ganadora.
¡Esta vez gané una elección!

(Evidentemente, a los organizadores de este concurso no les importa demasiado quién hizo la marca elegida —ni explicitar cuál fue el premio— ya que no se han publicado los nombres del afortunado ganador y sus zagueros)

Voté cuando me enteré.
Y cuando voté el concurso estaba en su fase final, definitoria.
Y me enteré en un medio absolutamente ajeno a la UBA.

Y me pregunté cómo es que no me había enterado antes, trabajando, como trabajo, en la UBA; dando clases en la Facultad que más relación tiene con el diseño de marcas (la FADU; la D es de Diseño) y teniendo acceso a muchos estudiantes a los cuales les podría haber avisado de esta movida...

Pero no.
No me enteré ni yo, ni mis compañeros. Ni la titular de la cátedra en la que trabajo.
Nadie.

Pero hubo cátedras que sí se enteraron. Y ahí es donde pienso qué mal se hacen hasta las pequeñas cosas en la vapuleada —y aún prestigiosa, a pesar de tantos personajes que la maltratan día a día— UBA.

Qué poco costaba redactar un mail mediante el que se podría haber puesto al tanto de este convite a las decenas de cátedras que intentamos formar a los diseñadores gráficos del futuro, si se me permite esta cursilería.

Qué lindo hubiese sido que las cátedras pudiéramos haber abordado este tema desde nuestras especificidades, generando muchas marcas posibles pero sobre todo una revisión y un repaso histórico de estos 190 años.

Cómo nos hubiera servido este concurso para transitar con nuestros estudiantes un camino casi totalmente desierto: el de aprender a conocer, respetar y valorar la universidad —¡pública!— en la que enseñamos y estudiamos.

¡Qué linda excusa para replantear cronogramas y trabajar un poco para nuestra querida Universidad!

Pero no. Por las razones que sean, no nos enteramos. Y el enojo o la molestia duran sólo unos segundos, no más. Hemos naturalizado la inoperancia; hay cosas más importantes por las que preocuparse en la UBA de hoy. Casi que ni hay ánimos de festejar cumpleaños.

Yo creo, ya casi olvidando por completo del tema de este post, que las cosas importantes se construyen con pequeños ladrillos como este.

13 de mayo de 2011

Leer lo ilegible


La cultura de la ilegibilidad nace y se desarrolla en muchos frentes. La economía y la política son ejemplos obvios pero nunca hay que darse el lujo de soslayar otros.

Desde prospectos médicos, guías telefónicas, condiciones de compra en cuotas hasta comunicaciones oficiales y campañas políticas pasando por medidas económicas que nos son contadas a medias —o haciendo uso de un léxico que no dominamos— pero cuyos alcances nos van a afectar más que a quienes nos las enuncian.

Hechos y cuestiones que vemos pasar y que no logramos descifrar. Hechos y cosas ilegibles, tramposos. Y aquí me detengo. ¿Lo ilegible es tramposo? O mejor dicho, ¿apostar a la ilegibilidad de un mensaje es tenderle una trampa a sus posibles destinatarios?

Creo que decir algo para ocultar otra cosa habla de cierta falta de transparencia. Pero por otra parte, ¿existe la transparencia en la comunicación?


Las letras sirven para comunicar algo.

Si uno escribe o compone enunciados con tipografía es porque desea que sean leídos —decodificados correctamente— y pare ello es preciso contemplar aspectos perceptuales, funcionales y morfológicos.

El lenguaje, origen y causa del raciocinio humano se compone —cuando tiene su forma escrita— de un conjunto de signos que tienen su estructura básica. Esa estructura es la que el diseñador de tipos viste, recrea y hace renacer una y otra vez.

El diseñar desde la ilegibilidad es una decisión que muchas veces puede ser a causa de lograr simple ornamento o bien, potenciar la expresividad de una composición. También puede obedecer a no tener (ni querer) decir nada concreto.

El mundo que nos rodea está repleto de mensajes pero se dice poco y nada. Quizá sea que no conviene dar muchas precisiones ni jugarse demasiado por algo. Un mundo inestable, en el que creemos y queremos estar enterados de todo lo que nos rodea pero perecemos en un mar de información cruzada, confusa, falaz. Ilegible.

¿La realidad es ilegible? ¿O conviene hacerla lo más ilegible que sea posible? Concretamente, ¿por qué no permitir la correcta lectura de determinados enunciados? ¿Por qué crear tipografías o composiciones que parecieran no haber nacido para ser leídas?

Si hay algo concreto que decir, se dice y punto. ¿Y punto?

No existe la univocidad. Si los mensajes, de repente, se corporizasen en finos hilos no podríamos movernos ni un milímetro de donde estemos de tamaño matete que se armaría.

Digo: legible no implica unívoco.

Podemos componer un texto brillantemente y podemos lograr, de ese modo, que su lectura sea pausada y descansada. Pero ¿podemos lograr una mejor comprensión del mismo? En absoluto creo que esto dependa de la legibilidad. Quizá sea cierto que si ponemos palos en la rueda al reconocimiento “óptico” de los caracteres no estemos ayudando a una correcta comprensión del texto pero yo me quedo con el concepto de decodificación.

La legibilidad es decodificación y no depende solamente de que uno esté alfabetizado o no. Lo decodificable es asimilado con mayor rapidez por nuestra mente, nuestro cerebro comienza a asignar significados y establecer relaciones. La energía que demanda este proceso no es poca y no invertirla nos hace sin duda más vacíos, más vulnerables.

No podemos resignarnos a no leer. Tenemos que verdaderamente LEER lo que nos rodea.

‘Hay que leer la letra pequeña’ reza el dicho que advierte sobre posibles futuros dolores de cabeza que puede traer firmar contratos o convenios sin la conveniente precaución. Que la letra en donde se dice lo importante —y que no hay que dejar de leer— sea absurda y taimadamente pequeña no puede obedecer a cuestiones económicas de ahorro de papel y tinta. La idea subyacente es esconder (vale agregar que no siempre el texto debe estar chico para que esconda su verdadero significado…).

Ilegibilidad a propósito.

Las bases y condiciones de concursos promocionados televisivamente son la versión cinética de este fenómeno; en las promociones de estos concursos uno suele ver la aparición súbita de una chorrera de texto microscópico a toda velocidad que, en vez de permitirnos descifrar sus contenidos, nos dice muy clara y legiblemente: “no quiero que me leas, sólo existo por una cuestión legal que no tiene sentido explicarte’.

Hay también una versión auditiva: las voces ridículamente aceleradas de los locutores de algunas promociones radiales que en uno o dos segundos recitan bases y condiciones que tomaría diez o más decir correctamente.

En definitiva, siempre que quien enuncia opta por la ilegibilidad como recurso lo hace de modo conciente —o más bien, nada inocente—, más allá de que pueda estar influido por tal o cual moda de turno.

El diseño es altamente permeable a la moda. Digo moda por tratar de resumir aquellas tendencias que nacen en países centrales y que se derraman lenta pero implacablemente sobre nuestros cerebros periféricos.

Muchos libros de diseño que compramos, revistas que leemos y páginas web que navegamos nos bajan línea sobre qué es lo que va a usarse la próxima temporada. Este mensaje sí es contundente, legible.

Hay muchos diseñadores que eligen subirse a este tren cuanta vez lo ven acercarse al andén, tratando de generar un discurso a tono con el presente y consecuentemente con ello, más ingresos y más clientes ávidos de esa cualidad: estar a tono con el ahora, con el momento. Que sus mensajes sean legibles hoy, ahora. Ya.

Sin embargo hay diseñadores que toman otra ruta. Enuncian desde otro lado. Apuntan y hacen uso de cuestiones más básicas —clásicas, debería decir— de la retórica. Figuras y recursos que distan de ‘pasar de moda’ ya que están entre nosotros desde hace miles de años (y no exagero, miles) y siguen siendo, en cabezas y manos adiestradas, tan efectivas y potentes como siempre. La lectura de sus resultados gráficos es clara, efectiva y potente. La legibilidad desde otro lado.

No tengo ni que decir que el atarse a la moda —esencialmente efímera— implica sujetarse fuerte para aguantar los vaivenes que ella tenga en su corta o larga existencia, por lo que nuestro trabajo será carne de esa inestabilidad y los mensajes que diseñemos pasarán a ser no sólo equívocos (como todos), sino que tendrán una muy próxima fecha de vencimiento.

9 de mayo de 2011

Time to kill


Sin haberla leído nunca, puedo asegurar que la revista Time es importante. Uno sabe que su portada es un lugar reservado para pocos y al que pocos acceden. No es poco frecuente que haya quienes se vanaglorian de haber sido tapa de la Time y uno puede imaginar que no son pocos quienes darían lo que no tienen para ocupar ese lugar.

Osama (¿u Obama? Muchos medios cometieron el fallido...) Bin Laden llegó a la tapa de la Time.

Y la tapa de la Time, famosa y esperada como es, fue tan macabra como poco original: apeló a un recurso utilizado en ocasiones especiales: aquellas en las que son asesinados o han muerto enemigos confesos de los EEUU.

La sangrienta cruz roja se inauguró con Adolf Hitler, quien en 1945 se suicidó en su búnker (pese a que Carlos Perciavalle asegura haberlo visto en Punta del Este hace unos años) cuando ya se veía venir la indefectible derrota.

Cuando los EEUU liquidaron a Saddam Hussein en 2003, la Time desempolvó la X para tachar su rostro. Poco importó que las famosas armas de destrucción masiva que Bush juró que se ocultaban en Irak nunca se hubieran hallado...

La tercera cruz vio la luz en 2006, cuando otro enemigo del imperio mordió el polvo, Abu Musab al-Zarqawi y, por último, hace pocos días, una ilustración hiperrealista del enemigo público N° 1 y buscado durante 10 años, recibió el macabro tachón.

Desde ya, no hace falta más nada en la portada. Sólo la marca de la revista, la fecha de la edición y paremos de contar. Gráficamente muy poderosa, simbólicamente esta cruz, roja, trazada con la sangre del propio muerto (¿o la de sus víctimas? En todo caso, ambas cosas son sacrílegas), es toda una declaración de principios. Sobre todo, el principio de que a la revista Time y a EEUU les importa un bledo apresar y juzgar a los responsables de las masacres o crímenes de los que se los acusa. El propio Barack Obama, insólitamente galardonado con el Premio Nobel de la Paz hace pocos meses, lo dejó bien claro cuando festejó públicamente el anunciado asesinato de Bin Laden.

¿Cómo? ¿Un premio Nobel de la Paz festejando un asesinato? Sí, sí.
Por otro lado, qué interesante hubiera sido escuchar las declaraciones de Osama... ¿no?
Allí, el terrorista hubiera podido contar algunas cosas que uno imagina bastante incómodas para los EEUU.

En fin, eso ya no podrá ser. Y hay varios funcionarios estadounidenses que respiran aliviados.

Luego llegaría la comedieta de siempre: Osama se resistió aunque ¡no estaba armado!; las fotos del cadáver son demasiado duras para ser mostradas; tenemos un análisis de ADN que comprueba que él es él; tiramos el cuerpo... ¡al mar!

No hace falta ser muy memorioso para saber que es tal la cantidad de veces que ha mentido y tal la cantidad de dudas que genera todo lo realizado por EEUU en el ámbito internacional que no es posible creerles nada de lo que dicen. No se sabe si Osama está realmente muerto; si le cambiaron la cara para que desaparezca para siempre; si lo mataron hace años y después lo usaron de excusa para seguir invadiendo a diestra y siniestra lo que se les ocurriera... Nada (¿o todo?) es creíble viniendo de EEUU.

Lo que sí queda claro es que, ahora que la Time lo tachó, Osama ya no es un problema. Vendrán otros, claro. Y seguramente ya hay una quinta cruz de sangre esperando...