28 de marzo de 2012

Poner la tapa

Fuente: PaperPapers.net

No es frecuente ver tapas de diarios de la calidad que puede observarse unos píxeles más arriba. Se trata del diario colombiano "El espectador", más concretamente de la edición especial festejando su 125° aniversario.


La excelencia del diseño radica, como tantas veces, en la sencillez de la idea gráfica: el plano partido para darle lugar a la contraposición del pasado con el presente; la variación del uso tipográfico y cromático del espacio; la inmutabilidad de la marca.


Sin dudas, una edición de colección.

26 de marzo de 2012

¡Ave María purísima!


—Maidana, hijo mío.
—Padre.
—¿Todo en orden?
—Sí, sí. Acá, recogiendo mis cosas; ya me iba.
—¿Ya te ibas?
—Sí, pude terminar hace un rato. Usted no había llegado todavía.
—Aha...
—¿Todo bien, padre? ¿Le gusta el trabajo? ¡No me diga que escribí mal Christo! ¡Ja, ja!
—¡Ja! No... no es eso, hijo.
—Ah... ¿Entonces?
—El espacio entre las letras, Maidana... ¿No lo notas algo irregular?
—Mmm... ¿Usted sabe que sueño con el espaciado?... Es una pesadilla... ¿Qué pasó ahora?
—Mira la fachada, hijo. Mírala atentamente.
—Sí, miro.
—¿Y?
—¿Y qué pasa?
—Maidana, hijo, no me la hagas difícil. Dime la verdad y listo.
—...
—No es posible escapar de Dios, Maidana. A mí puedes mentirme, a Él no.
—¿Qué quiere que le diga? Venía bien hasta el SA, de SALVATORI... Después me di cuenta de que había medido mal y que todo me iba a quedar descentrado. Entonces separé la L, a ojo, pero si usaba el espaciado entre la A y la L para las letras que faltaban, no me iban a entrar... Entonces volví a la plantilla anterior y la usé para la V y la A.
—¿Y el espacio entre A y TORI?
—Y... de nuevo intenté recalcular y me volví a pasar de largo... Entonces, para ir a lo seguro, al TORI lo volví a espaciar como a las primeras letras.
—¿Porqué no avisaste de esto al obispo antes de tomar tantas decisiones?
—No sé... tenía miedo de que se enoje conmigo. Que me castigue Jesús, Dios... No sé. Preferí seguir y terminar el trabajo que me pidieron.
—¿Coincides conmigo, hijo mío, que se lee SA   LVA   TORI?
—...
—¿Coincides?
—Y... puede ser.
—Tú sabes bien que la simetría es signo de belleza y que Dios es belleza. Por lo tanto, en la Iglesia, que es la casa de Dios, debe prevalecer la más pura de las simetrías, ¿no es así?
—Sí, padrecito.
—Y ahora tú nos has dejado un frontispicio perturbador, asimétricamente perturbador. Intolerablemente perturbador.
—Padre, le ruego m...
—No, no. Dejemos el juicio de tus actos al Señor. No soy yo el que debe perdonarte.
—¡Ay, padre! Si algo pudiera hacer...
—En principio, empecemos con 40 azotes. Después veremos... Es que ha sido grave tu afrenta.
—¡Ay, no!
—...
—Entiendo, padre. ¿Dejo mis cosas acá?
—Sí, sí. Pasa nomás, nos vemos adentro.

23 de marzo de 2012

Pequeña historia con moraleja


—Che, ¿al final te operás?
—Sí, claro.
—¿Dónde?
—En una clínica, por la calle Viamonte... Se llama CLIMIBIA.
—¿CLIMIBIA? Ah, mirá vos... no la conozco.
—...
—Esperá... ¿No será CLIMBA, Clínica de la Mano de Buenos Aires?
—Ni idea... en el cartel de la calle decía CLIMIBIA.


Moraleja: colega, cuando decidas separar una sigla mediante barras, abstente de usar una cuyo grosor sea lo demasiado parecido al de la I como para alterar su legibilidad.

22 de marzo de 2012

Volvió una noche


"El escudo de armas de la Ciudad de Buenos Aires, de acuerdo a lo aprobado por Ordenanza del 3 de diciembre de 1923 tiene forma elíptica, de una proporción de 5x6 entre sus ejes mayor y menor, encerrando los atributos que se describen: En jefe una paloma radiante, vista de frente y con las alas extendidas; en punta un áncora, medio sumergida, con parte de la caña fuera de la superficie de un mar rizado, que ocupa el cuartel inferior. Un poco más debajo de la línea que determina el eje menor de la elipse, dos barcos, uno de ellos carabela y el otro bergantín del siglo XVI, vistos por costado de babor. Ambas naves empavesadas con bandera en los topes."

Luego de someternos durante demasiado tiempo a una desfiguración heráldica carente de todo significado, el Gobierno de la Ciudad ha resuelto reflotar, no sin ciertos retoques, al maltrecho escudo de la ciudad.


Después del rediseño (que no fue rediseño porque en realidad el escudo original nunca dejó de tener valor institucional) del año 1997, el escudo de la Ciudad fue atormentado con un ejercicio de síntesis mal entendida y peor aplicada que lo asemejó insólitamente a una serie de barrotes verticales sobre otra serie de barrotes horizontales, siempre, eso sí, inscriptos en una elipse.


Hoy, la Ciudad recupera uno de sus emblemas que, si bien perdió en el camino al ancla, que prometía tanto a una ciudad puerto y fondeadero como deseos de feliz regreso, nunca debió maltratarse como se lo hizo.


Es cierto que un escudo —salvo que sea de un equipo de fútbol— no le cambia la vida a nadie y que este tiene un espíritu colonial (el bergantín y la carabela hablan, parece ser, de las dos fundaciones de la ciudad) y hasta sectario (la paloma representa al Espíritu Santo y a su protección sobre la ciudad) pero es un símbolo que debiera respetarse ya que intenta resumir cierto espíritu de pertenencia colectivo. Dicho de otro modo: si se elige abolirlo por su anacronismo o inocuidad, de acuerdo; si se lo deforma aleatoriamente con criterios estéticamente dudosos y con ínfulas "modernizadoras", no. Dejémoslo como estaba.

6 de marzo de 2012

Dame fuego


Si uno está atento, en la calle puede encontrar pequeñas joyas. Caminando por el coqueto Belgrano di con esta institución de nobles fines, sita en la calle Cuba: la Asociación Pro-Ayuda al Quemado (APAQ).


A primera vista creí no entender bien la marca; me acerqué. Comprobé con una mezcla de amarga gracia y rotunda sorpresa mi sospecha: ¡Está en llamas! ¡Las siglas arden!


¿Qué oscura mente pudo resolver con una síntesis de llamas —llamas, además, avivadas por un viento que las potencia llevándolas de izquierda a derecha— la marca de una institución que se encarga de paliar las secuelas del fuego?


¿Qué afiebrado combo de directivos pudo haber aprobado semejante dislate?


¿Nadie se da cuenta, hoy en día, de que la impertinencia del recurso no podría ser más grande? ¿Qué más lejos de los intereses de APAQ, de sus loables objetivos, que el siniestro hecho de que las llamas envuelvan su mismísimo nombre? 


Paradójicamente, allí donde los efectos del fuego pretenden ser superados física y psíquicamente se encuentra, omnipresente, la semilla del mal.


Seguí caminando, entre asombrado e intrigado, sabiendo que todas mis preguntas quedarán, una vez más, sin respuesta.