23 de noviembre de 2012

QEPD


Y EKI Discount, segundos después de poner este cartel en la puerta, murió de tristeza. 

Por suerte apareció un señor, francés, que pagó los gastos del velorio y del entierro; al otro día pintó el boliche, acomodó las latas y se puso a vender de nuevo.

Diseño también es


Hacer, cada tanto, agujeritos, canaletitas o lo que vos quieras para que drene el agua de lluvia.

Bifaz


Y Pergolini se enojó mucho al ver su cara deformada en la calle. 
Colorín colorado, este cliente se ha terminado.

Yo estoy al derecho


Colega, ten a bien no rotar las letras ya que ellas, pobrecitas, se marean con facilidad y les agarra un trastorno severo de personalidad. Fíjate como será que allí donde se debería leer uno mismo se lee unoowsiw.

19 de noviembre de 2012

Idiotez


¿Qué escala podrá utilizarse para medir la idiotez de los cráneos que idearon esta campaña? Se me ocurre que no es fácil ese trabajo. Son muy idiotas, extremadamente idiotas. ¿Qué los hace pensar que el uso de este tipo de imágenes puede hacer que un fumador deje de serlo? ¿Cuánto dinero en consultorías, en focus-groups se habrá gastado para sostener el chamuyo?

Esta línea discursiva —torpe, sin ninguna luz— es muy similar a la de la asociación Luchemos por la vida, muy afecta a creer que mostrando cráneos estallados o fierros retorcidos la gente va a tener más apego a las reglas de tránsito...

No lo soy, pero apostaría mi cabeza a que un fumador, ante la desagradable imagen de este paquete, hace algo muy simple: ¡compra un atado que no la tenga; que tenga el ridículo piecito etiquetado del cadáver o el improbable pulmón chamuscado... o hasta la del nene afligido con máscara de oxígeno! Por otra parte y yendo más al detalle: ¿cuál es la relación entre el deterioro de la capacidad pulmonar y esta triste imagen? ¿Es esta la manera más efectiva de representarla? ¿O sólo se busca un impacto rastrero, abyecto?

Estos cráneos además de idiotas son inoperantes ya que parece ser que este pobre e ignoto señor, sino muerto, moribundo y rayano en un estado seudo-zombiesco, es el padre de unas personas que recientemente —luego de haber pasado por el penoso trauma de reconocer a su padre en un atado de cigarrillos— le exigieron a quien sea que tenga que hacerse cargo que no utilice más esa imagen ya que nadie les pidió permiso (por eso mismo, desenfoqué parte del rostro; la imagen original no tiene ese efecto).

¡Cuánto más simple es apelar a este cruel atajo, a la más burda literalidad, a la trampa de la imagen que no cumple nada de lo que promete, que promover campañas que eduquen, que informen, que generen responsabilidad y que quien, aún luego de haberse enterado de todo lo malo que es el cigarrilo, desee fumar, sepa cuáles son las consecuencias sin que eso signifique la obligación de entrar en un infantil tren fantasma!

5 de noviembre de 2012

La marca suprematista


Parece ser que Kasimir Malevitch decidió en un momento de su vida, cerca de 1910, dejar el realismo luminarista tan propio de las escuelas europeas para dedicarse a un cubismo analítico de formas geométricas que asemejaba su obra de aquel entonces a las de Wassily Kandinsky. Entre 1913 y 1915, Malevitch, ya separado de los modos y pensares del cubismo y del futurismo, se dedica a la consecución de su objetivo pictórico por excelencia: la expresión de un cuadro sin objeto. Declara fundamentales al cuadrado, al círculo y a la cruz ya que son símbolos de intuición primitiva a la vez que portadores de asociaciones mágicas.
Malevitch expone en 1913 su famoso cuadro "Cuadro negro sobre fondo blanco" que él mismo interpreta como "iconos desnudos enmarcados".

La nueva marca del Centro Cultural General San Martín (CCGSM) le rinde, a mi modesto entender, un sentido homenaje a Kasimir Malevitch, quien abogaba por el sentimiento ilustrado de una manera abstracta y por la liberación de la descripción figurativa que había comenzado con el cubismo y que él, con su suprematismo, intentaba coronar.

Quizá sea cierto que no parece ser una marca amena, cercana, humana, que escapa al universo simbólico que uno espera encontrar en el registro de los centros culturales. Y quizá eso sea un mérito, no lo sé. Tampoco creo que su autor haya bebido en aguas suprematistas antes de diseñarla. Más suena a un ejercicio compositivo geométrico-abstracto que, a sabiendas o no, opaca toda transparencia de intenciones y coloca al CCGSM en un terreno más cerca de lo críptico, de lo vanguardista en el sentido de lo incomprendido (Malevitch también lo fue, ya que pasó al olvido sin pena ni gloria, salvo en los reducidos ambientes amantes de la pintura abstracta).

Uno, como humano limitado y tendiente a buscar analogías que es, piensa: ¿es una silla renga? ¿son encastres? ¿es un 4? ¿A qué se deben sus proporciones, su disposición, el largo y la cantidad de las piezas? Ninguna de estas preguntas tiene pronta respuesta; la marca no da pistas y se abroquela, desafiante.

Alguna explicación tendrá este camino. No la sabemos. Lo único que puedo hacer para cerrar es desearle una larga vida al CCGSM y a su oferta cultural que es, en definitiva, lo que importa.


Bibliografía: Thomas, Karin: "Hasta hoy. Estilos de las artes plásticas en el siglo XX", Ediciones del Serbal, 1994