14 de enero de 2014

Gris de ausencia


El 13 de junio de 2013, la diputada de la Ciudad de Buenos Aires Gabriela Seijo (PRO) presentó un proyecto de ley para establecer el cambio de color de los semáforos de la ciudad, en el marco del proceso de modificación y reemplazo del mobiliario urbano. Las cabezas, soportes y viseras serán de color gris "grafito" según la modificación que se hizo al Código de Tránsito y Transporte sancionada (Ley Nº 2148, GCBA).

El proyecto de Seijo se aprobó con 37 votos positivos y 15 abstenciones y hoy en día, meses después de aquella sesión, podemos ver a muchos señores trepados a escaleras pintando de gris, uno por uno, los semáforos de Buenos Aires. Los semáforos y otras cosas más.

Los diseñadores gráficos vivimos usando el color. Lo usamos realimentando convenciones o transguediéndolas. Lo usamos caprichosamente o a conciencia. A gusto o disgusto. En las facultades se enseña teoría del color pero sin demasiada profundidad: se suele estacionar en el terreno seguro de la escala de grises, los colores primarios, secundarios, suplementarios y complementarios y poco más. Mi recuerdo me dice que muy poco hay en los programas acerca del color y su aspecto psicosocial, fisiológico, perceptual, cultural.

No hay, al menos de manera accesible, noticias de investigaciones y bibliografía que den cuenta del uso urbano del color y su incidencia en la visibilidad de señales valiosas en lo que a tránsito y mobiliario urbano se refiere.

Es de esperar que sorprenda una decisión como la repintura de los semáforos y que la aceptemos sin preguntarnos porqué, en base a qué y cómo se mide la eficacia de la medida. Todo esto dejando de lado la primera pregunta obligada de cuánto cuesta hacerlo. Por otra parte, también debería haberse puesto sobre el tapete la elección del amarillo y verde anteriores... pero dejémoslo pasar.

Mi experiencia empírica es que los semáforos grises, de noche, casi no se ven. Se mezclan con el follaje de los árboles o el hormigón sucio; se destacan las luces. De día, no hay diferencias entre el amarillo anterior y el gris; todavía es posible compararlos.

El gris tiene como objetivo la sistematización cromática del nuevo —y ya sumamente castigado— mobiliario urbano, cosa que el amarillo no cumplía. 

Se puede discutir mucho acerca de las connotaciones del gris como color: si es sobrio, moderno, apagado, triste, sucio, ambiguo, impersonal... todo sobrevolado por el riesgo de caer en el binomio "Me gusta/No me gusta" el cual, claro está, debería ser desterrado en este tipo de decisiones que afectan el espacio público y la identidad de una ciudad a fuerza de fuertes fundamentaciones teóricas que, en este caso, parecen brillar por su ausencia.

¿Y si el problema fuera ese? ¿Y si la cosa pasa por el hecho de que Buenos Aires es una ciudad sin una identidad fuerte (como botón de muestra vale la novela del escudo y su rediseño)?

Si cada gobierno de turno confunde lo estatal con lo partidario, ¿es posible pretender un sistema de mobiliario urbano y de señalización con una paleta cromática que haga pie o todo queda supeditado a decisiones a corto plazo que serán religiosamente revisadas por la próxima gestión?

Párrafo aparte merece la gigantesca maraña de nudos que es la burocracia del estado, aún en tiempos de internet. Me resultó imposible encontrar información del proyecto de ley; en la página del CEDOM (Centro Documental de Información y Archivo Legislativo) de los 43 proyectos que se le asignan a la diputada Seijo en 2013 en ninguno se hace mención a los semáforos; tampoco tuve suerte en la Legislatura; descargar el Boletín Oficial del GCBA es perderse irremediablemente en un mar de edictos, notificaciones, transferencias, comunicaciones, licitaciones y leyes del cual es muy difícil salir sin ahogarse. 

Sí leí por allí una mención a la remanida contaminación visual —que el gris "grafito" ayudaría a disminuir— y una ventaja relacionada a que la neutralidad en el color del soporte ayudaría que el conductor, ciclista o peatón le prestase más atención a las luces las que, vale agregar, deberán ir mutando a la tecnología LED de manera progresiva, en los tres años posteriores a la publicación de la norma en el Boletín Oficial.

Uno de los fundamentos del proyecto que se citan en varias de las crónicas que encontré dice "El reemplazo de las fuentes incandescentes por unidades LED contribuye a mejorar sustancialmente su visibilidad compensando de forma positiva el menor contraste que pudiera causar el cambio de color" lo cual puede interpretarse como un Está bien, el gris se ve menos pero las luces se ven más. Sí, siempre y cuando las luces funcionen... tema no menor en una ciudad en la que luego de una lluvia fuerte florecen los semáforos apagados o bicolores.

Sí encontré algún rebote tímido en la prensa, asumiendo que este tema no es —¡y claro que no lo es!— prioritario en una ciudad gigante y con tantos temas pendientes como Buenos Aires. Hubo alguna voz, como la de María José Lubertino (FPV), que se quejó porque no es momento de gastar dinero en algo así a quien que se le respondió desde el PRO que el dinero ya estaba asignado en la partida de mantenimiento de mobiliario urbano. De todos modos, no olvidemos que no hubo votos en contra, sólo abstenciones...

También me fue imposible encontrar los fundamentos del proyecto en la página web de la diputada ya que no se los menciona.

No obstante, se me ocurrió que, en vez de quejarme por la probada y esmerada opacidad que tiene el sistema que nos gobierna cuando se trata de acceder a información pública, podía escribirle un mail a la diputada, solicitándole, como miembro de la Unión de Diseñadores Gráficos de Buenos Aires, el texto del proyecto de ley y consultándole si hubo asesoramiento de diseñadores gráficos en su escritura. Lo hice; veremos qué pasa con eso. Ya les contaré.

(Hay que aprovechar que ya tenemos personería jurídica...)  :^)

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